El arte de ver al otro: relaciones sin egoísmo
Hay una trampa muy sutil en la que podemos caer en cualquier relación importante de nuestra vida, ya sea con nuestra pareja, con nuestros amigos, con un maestro o discípulo, o con alguien de nuestra familia. La trampa se llama egoísmo, y lo más difícil de ella es que casi nunca se anuncia como tal. Muchas veces llega disfrazado de "yo sé lo que es correcto", de "esto es lo mejor para los dos", o de "estoy haciendo todo por ti."
Hoy quiero hablar de esto desde mi experiencia en el matrimonio, porque es el espacio donde más claramente lo he podido ver. Pero mientras lees, te invito a pensar en todas tus relaciones significativas, porque lo que aplica entre esposos aplica también entre devotos, entre maestro y discípulo, entre amigos y entre hermanos de sangre o de corazón, incluso en nuestra relación con Krishna.
Ni borrarte ni borrar al otro
Existe una tensión que toda relación profunda enfrenta tarde o temprano: ¿hasta dónde cedo yo, y hasta dónde le pido al otro que ceda?
Si en una relación solo me enfoco en lo que yo necesito y le resto importancia a las necesidades de la otra persona, esa relación no puede durar. Pero tampoco es solución el extremo opuesto: si me borro a mí mismo completamente para complacer al otro, con el tiempo me asfixio. Y de la asfixia viene la frustración. Y de la frustración, el resentimiento.
El camino que la filosofía védica propone no es la sumisión ciega ni la imposición de la propia voluntad. Es algo mucho más delicado y más exigente: el equilibrio. Mantener conciencia real de quién es el otro, de lo que siente y necesita, mientras el otro mantiene esa misma conciencia sobre mí. Eso, en la práctica, significa que a veces pongo mis necesidades a un lado para responder a las del otro. Y otras veces, el otro hace lo mismo por mí.
No por obligación. Por amor genuino.
Sita y Rama: cuando el corazón también tiene razón
Uno de mis ejemplos favoritos de este equilibrio tan delicado viene del Ramayana.
El Chaitanya Charitamrita nos recuerda que "el primer deber de una mujer casta es cumplir la orden de su esposo." (CC Antya 7.106) Y sin embargo, cuando Rama le pidió a Sita que se quedara en el reino mientras Él cumplía su destierro en el bosque, Sita, reconocida como una de las cinco mujeres más castas de toda la tradición, insistió en acompañarlo.
Los argumentos de Rama eran razonables: el destierro era para Él, no para Ella. El bosque era peligroso. Él quería protegerla. Pero Sita sabía algo que ningún argumento lógico podía ignorar: su lugar era junto a Rama, no en Ayodhya sin Él.
¿Qué hicieron? Sita renunció a la comodidad para poder estar con quien amaba. Rama renunció a su visión de mantenerla segura y la dejó venir, honrando así el deseo profundo de su esposa.
La razón y la lógica se temperaron con los sentimientos y las necesidades de ambos. Y en ese intercambio, ninguno quedó ignorado ni suprimido.
Esto lo veo en mi propio matrimonio. Hay momentos en que la lógica dice una cosa y el corazón de mi esposa dice otra, o al revés. Y he aprendido, no sin tropiezos, que la mejor decisión casi nunca es la que solo uno de los dos ve. La mejor decisión suele vivir en ese espacio entre los dos, donde ambos han cedido algo y ambos han sido escuchados.
Sudama: servir al otro es también servirse
Hay otra historia que me mueve profundamente cada vez que la recuerdo.
Sudama era un brahmán pobre, discípulo y amigo íntimo del Señor Krishna. Su familia vivía en condiciones muy difíciles. Fue su esposa quien un día le sugirió que fuera a visitar a Krishna a Dwarka para pedirle ayuda.
Srila Prabhupada escribe sobre ella: "La esposa no estaba muy ansiosa por su propio bienestar personal, sino que se sentía muy preocupada por su esposo, que era un brahmán tan piadoso."
Y Sudama, ¿por qué aceptó ir? No porque quisiera pedir algo para sí mismo. Fue porque quería ver al Señor, y también porque quería complacer a su esposa, que con tanta ternura buscaba complacerlo a él.
Ninguno pensaba principalmente en sí mismo. Cada uno pensaba en el otro. Y desde ahí, la historia avanzó hacia una de las demostraciones más hermosas de amistad y gracia en toda la tradición vaishnava.
El egoísmo que no se ve a sí mismo
Una de las formas más peligrosas del egoísmo es la que viene envuelta en certeza espiritual. Es decir, cuando estamos tan convencidos de que nuestra opinión es "lo correcto" y "lo consciente de Krishna ", que dejamos de escuchar al otro por completo.
Krishnadasa Kaviraja Gosvami lo describe con una precisión que todavía me sorprende cada vez que lo leo: hay devotos que son "expertos en argumentar aunque no tienen sentido del servicio devocional avanzado." (CC Madhya 2.93)
Dicho de otra forma: podemos tener argumentos muy sólidos, muy bien construidos, con citas y referencias y toda la convicción del mundo, y aun así estar siendo egoístas sin darnos cuenta. Porque cuando nuestra postura no deja espacio para la perspectiva del otro, algo de egoísmo se está escondiendo dentro de nuestra certeza.
El remedio no es ceder por ceder. Es escuchar de verdad. Considerar lo que el otro piensa y siente con el mismo respeto que le daríamos a nuestra propia perspectiva. Ese tipo de escucha honesta, sin manipulación ni favoritismo hacia uno mismo, abre la posibilidad de llegar a conclusiones que ninguno de los dos hubiera encontrado solo.
Cuando las diferencias se vuelven espacio para crecer
Lo que he descubierto en mi matrimonio es que las diferencias entre mi esposa y yo, cuando las honramos con humildad en lugar de convertirlas en campo de batalla, se vuelven exactamente el espacio donde ambos crecemos.
No a pesar de ser distintos, sino gracias a serlo.
Cuando los dos queremos genuinamente lo mejor para el otro, el enfoque cambia. Ya no se trata de quién tiene razón. Se trata de qué es lo mejor para los dos. Y desde ese lugar, el otro deja de sentirse como un adversario y empieza a sentirse como lo que realmente es: un aliado.
Eso puede existir en cualquier relación significativa. Entre devotos que conviven, entre un maestro que guía y un discípulo que crece, entre amigos que se acompañan en el camino, entre familiares que deciden relacionarse desde el amor y no desde el control.
Para cerrar este apunte
El egoísmo en las relaciones no siempre grita. A veces susurra, con mucha seguridad, que sabemos lo que es mejor. A veces se disfraza de lógica, de principios, de lo que "manda la escritura."
La filosofía védica nos invita a algo más sutil y más exigente: a ver al otro de verdad. A tomar en cuenta su corazón, sus necesidades, su perspectiva, con el mismo cuidado con que tomamos en cuenta los nuestros. A ceder cuando es momento de ceder, y a sostenernos cuando es momento de sostenernos, pero siempre desde el amor genuino y no desde el control.
Sita y Rama nos enseñaron eso. Sudama y su esposa también.
Y en cada relación que tenemos, hay una oportunidad de aprender la misma lección.
¿En qué relación de tu vida sientes que te cuesta más escuchar de verdad? Te leo en los comentarios.
Referencias
CC Antya 7.106
CC Madhya 2.93
Srila Prabhupada, comentario sobre Sudama Brahmana

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